miércoles, 22 de abril de 2009

¡SOCORRO! ¡SOCORRO!


¿No te sientes a veces como un banderín que está flameando ante una inminente guerra entre Dios y el Diablo, en la cual el premio es tu propia alma?
¿No te ves a veces a ti mismo como ahogándote en una inundación de sentimientos y, sin embargo, teniendo sed de Dios?
¿Te has sentido alguna vez lejos de Dios aún cuando se suponia que tu fe era tan sólida como una roca?
¿Estas pidiendo socorro?
Si ese es tu caso, ¿cómo lo has resuelto?

jueves, 2 de abril de 2009

LA CONSAGRACIÓN

La consagración es el resultado de una comprensión adecuada de lo que es la salvación. Si una persona considera su fe en el Señor Jesús como un favor al Señor, y su fe en Dios como una cortesía hacia Él, será inútil hablarle sobre la consagración. Si alguien piensa así, no ha tenido un buen comienzo en la fe cristiana y, por ende, es imposible esperar que se consagre.


La enseñanza sobre la consagración se encuentra tanto en el Antiguo Testamento (Éxodo 28 y 29, y Levítico 8), como en el Nuevo (Romanos 6 y 12).

En 2ª Corintios 5:14-15 se nos muestra claramente que el poder constreñidor del amor del Señor es la base para que los hijos de Dios se consagren. Según el idioma original, la palabra constreñir significa rodear de tal forma a la persona que ella no puede escapar. Él nos ha atrapado en su amor, y no tenemos alternativa. Nadie puede consagrarse a no ser que sienta amor por el Señor. Pero después que el amor está, la consagración será la consecuencia inevitable.

Debido a que el Señor nos constriñe y nos compra, nos apartamos de ciertas cosas y vivimos por él y para él. Esto es la consagración. «Consagración» se puede traducir como «recibir el servicio santo», el oficio de servir al Señor. Esto es como prometerle al Señor: «Hoy me separo de todo para servirte, porque tú me amas.»

Supongan que compran un esclavo y lo llevan a casa. Al llegar a la puerta, el hombre, arrodillado, te dice: «Amo, tú me compraste. Desde hoy, con placer, atenderé tus palabras». Para ti, haberlo comprado es una cosa, pero el hecho de que él se arrodille a tus pies proclamando el deseo de servirte, es algo completamente distinto. Porque tú lo compraste, él reconoce su derecho; mas porque tú lo amas, aún siendo él quien es, él se declara enteramente tuyo. Solamente eso es consagración. Consagración es más que el ver Su amor y más que saber que él nos compró: es la acción que sigue al amor y a la compra.

El objetivo de la consagración es esperar en Dios y moverse a hacer lo que él quiere, y cuando así lo dispone.

Todo nuestro tiempo es de Dios, y cada uno de nosotros debe esperarle. La obra de cada uno es flexible y debemos aprender a esperarle. Presentamos nuestros cuerpos para servir a Dios.


En el momento que una persona se consagra, debe comprender que lo más importante es lo que Dios requiera.

El trabajo puede variar, pero el tiempo invertido sigue siendo el mismo: toda nuestra vida. La exigencia del Señor tiene prioridad: servir al Señor se torna en el mayor servicio. Nosotros, los que servimos a Dios, no podemos esperar únicamente ser prósperos en el mundo, pues estas dos cosas son contrarias.

La consagración no es lo mucho que uno da de sí mismo al Señor, sino ser aceptado por Dios y recibir el honor de servirlo. Y el fruto de la consagración es la santidad.

No debemos rogar a otros que se consagren; en lugar de ello, debemos decirles que el camino está abierto para que lo hagan. La consagración no depende de nuestra voluntad, pues proviene de la abundancia de la gracia de Dios. Tener el derecho de servir a Dios es el mayor honor de nuestra vida.

Y tú, ¿estas listo para consagrarte a Dios?

jueves, 12 de marzo de 2009

Y tú que opinas sobre...


Salmo 23:1


"Jehová es mi pastor" (guía)

"nada me faltará" (promesa)


1.- Tú como podrías explicar el trabajo de un pastor del campo?


2.- En la promesa NADA ME FALTARÁ se refiere a?


a) Bendiciones b) Cuidados c) Pruebas d) Todo lo anterior

martes, 17 de febrero de 2009

Agenda Llena

Saturada de cosas primordiales. Cada día, cada hora marcada con una actividad. Una agenda llena de frases como estas: “Predicar en Nazareth”, “Sanar al paralítico de Bethesda”, “Pasar tiempo con los niños”, “Entrevista con Nicodemo por la noche”, “Visitar a Zaqueo el publicano”, “Convivio con los amigos en casa de Simón el leproso”. Así fue la agenda de Jesús. Para Él tres años y medio fueron más que suficientes para cumplir con Su misión en la tierra. En el monte, en la ciudad, por el camino y hasta en la cruz, siempre aprovechó sabiamente el tiempo.

En medio de una agenda tan apretada el Señor Jesús encontró tiempo para todo, hasta para descansar. Nunca dijo: “No tengo tiempo”. San Juan escribe: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén”. (Jn. 21.25)

Quizá tengas una agenda muy saturada. Tal vez sea la razón por la cual diga: “No tengo tiempo para la iglesia, ni mucho menos para trabajar en el Esfuerzo Cristiano”. Dios no se equivocó al darnos 7 días con 24 horas cada uno. Lo que pasa es que no sabemos administrar nuestro tiempo. Nos ocupamos en cosas que, si bien son importantes, no son prioridades. Hay que ordenar nuestras prioridades. Si vivir por Cristo es una de tus prioridades, adelante, no te distraigas. Seguro, tú no estás tan ocupado como lo estuvo el Señor Jesús. Él encontró tiempo hasta para pasar momentos a solas con Su Padre Celestial.

Existe una trampa del enemigo que hace creerle a la gente que: el Esfuerzo Cristiano es para la gente que no tiene nada que hacer. Pero pregúntale a un esforzador activo si su comida le cae del cielo o si las aves lo alimentan. Pregúntale si su dinero crece en el pasto de su casa, que nunca tiene que trabajar. Pregúntale si no tiene metas como para nunca estudiar y vivir viajando a las actividades. Pregúntale si sus días duran 30 horas y su semana tiene 8 días que tiene tiempo de más. Te va a contestar que no. Lo hace por amor, no porque tenga mucho tiempo, sino porque una de sus prioridades en la Agenda de la Vida es servir al Señor, en gratitud por lo que Jesús hizo por él en la cruz del Calvario. Sabe que un simple: “Gracias Señor” no es suficiente. Trabajar por el Señor es la mejor manera de darle las gracias.

El Esforzador se organiza de tal modo que su vida le alcanza para hacer todo lo que necesita y más… porque Dios le ayuda. No es que no piense en su futuro, sino que mira más allá: a la eternidad.
¿Qué son los años que vivas comparados con la Eternidad?… Un instante. Estudia, trabaja, esfuérzate por una vida mejor, pero recuerda: solo estás de paso en la tierra. No te aferres a esta vida, nunca te sentirás satisfecho totalmente. Si miras a Jesús mirarás a la eternidad y todo lo que necesites Dios te lo va a dar en bendición.

El Esfuerzo Cristiano es el lugar donde puedes poner todo lo que Dios te ha dado a su servicio y prepararte para vivir en la eternidad, no desperdicies esta oportunidad. Ahora que aún es tiempo, súmate a esta gran obra, hay un lugar para ti.
Vamos, comienza ya, porque tu agenda tiene un fin.

(por Nahum Rodea)

DIA DEL JOVEN CRISTIANO Y LA AMISTAD

El sábado 14 de febrero se realizo la actividad social Día del joven cristiano y la amistad. Para todos aquellos que asistieron aqui encontrarán imágenes que les ayudarán a recordar que tan gratos momentos vivimos en ese convivio.


Felicitamos a todos los jóvenes y los invitamos a seguir participando de todas las actividades que la Sociedad Juvenil Esteban tiene programadas para el resto del año. En todas ellas siempre encontrarás armonía, unión y hermandad cristiana.

Nuestros jóvenes de la iglesia Dios es Amor

lunes, 2 de febrero de 2009

YO SOY CRISTIANO

A Antonio le parecio increíble cuando se enteró que a Tomás lo habían golpeado durante un trato de drogas, y que casi lo matan.

Durante la primaria habían sido muy buenos amigos. Cuando Antonio se convirtió en cristiano, él y Tomás dejaron de verse. La madre de Tomás lo había llamado y le había pedido a Antonio que visitará a Tomás y tratará de ayudarlo.

Cuando Antonio entró en la habitación, no reconoció a su amigo. La cara de Tomás mostraba los resultados de una fuerte pelea. Tenía múltiples puntadas y moretones, como así también hinchazón y partes en donde había sangre seca. Tomás saludó a Antonio a través de sus labios inflamados.

En el curso de la conversación, Tomás le contó a Antonio cómo fue que cada ve consumía más y más droga, su pacto diario con el delito, su caída inevitable en la venta de drogas y, finalmente, lo que había hecho para recibir tal golpiza. Antonio estaba absolutamente asombrado por lo que su viejo amigo de primaria le estaba contando. Habían crecido e ido juntos a la escuela bíblica. Sentía como si hubiera conocido a Tomás en otra época.

-Tomás, -preguntó Antonio- ¿qué te pasó que te apartaste tando de ser cristiano?

-¡Aún soy cristiano, Antonio!, replicó Tomás. Nací cristiano y me educaron como cristiano, pero a veces la vida te lleva por otros caminos y se hace muy difícil vivir como cristiano.

¡Yo siempre creí en Dios, pero siento que Dios no me ama...!

¿Cómo responderías a Tomás?
¿Por qué Tomás creería que es cristiano sólo en virtud de su historia familiar?

martes, 20 de enero de 2009

EL ACCIDENTE

Felipe estaba por convertirse en uno de los oradores del Grupo Juvenil. Se había comprometido a compartir el testimonio acerca de la fe en Cristo y en cómo Jesús lo ayudaba en momentos difíciles y estresantes. Ya era la hora de empezar con el servicio, la Iglesia estaba abarrotada de gente y Felipe todavía no había aparecido.

Enseguida lo llamaron a su casa, pero no obtuvieron respuesta. Nadie lo había visto. El Grupo Juvenil no tenía otra alternativa que continuar sin él.

En el intervalo entre el primer y segundo servicio, los participantes estaban disfrutando de un refrigerio, mientras modificaban algunas de sus partes para hacer una mejor presentación, cuando Felipe apareció caminando. Era obvio por su cara que algo andaba muy, pero muy mal.

Habia llovido sin parar toda la noche y Felipe era un conductor principiante. En su camino al servicio había patinado y golpeado contra un poste y por eso chocó a otro auto. Había recibido unos cuantos golpes y moretones, lo habían multado y, además, su auto estaba totalmente destruido. Sin embargo, lo que en verdad había perdido era mucho más significativo.

Felipe estaba enojado con Dios, porque el mismo día que iba a predicar por primera vez frente a la congregación y compartir su fe, le había mandado ese accidente. Se sintió abandonado por Dios y le contó a los demás participantes que sería muy hipócrita de su parte si subía al estrado y compartía lo que había preparado para hablar.

Con enojo en su voz lágrimas rodando por sus mejillas, Felipe admitió que el accidente había causado un gran corte entre él y Dios.

¿Fue Felipe justo en su pensamiento?

¿Cómo te sentirías si estuvieras en el lugar de Felipe?